Le encantaba despertarse antes que él. Cuando los primeros rayos de sol se escabullían dentro de la habitación, Nerea abría los ojos lentamente y aprovechaba esos momentos de silencio para observarle.
Su rostro apacible y tranquilo la envolvían como el más cálido de los edredones. Deslizaba los dedos por sus hombros y suspiraba recordando la batalla que había tenido lugar en ese mismo sitio hacía tan pocas horas. Una batalla deliciosa donde ambos contrincantes terminaban extenuados y saciados.
Nerea aspiraba la fragancia que persistía en la almohada y se acercaba más a él. Rodeaba sus caderas con las piernas y sentía cómo su cuerpo la recibía, gustoso. Besaba suavemente sus pestañas y él empezaba a desperezarse quejumbroso. Le hacía gracia la carita de niño malo que ponía cuando le despertaba y fingía un mohín de enfado que lo único que hacía era excitarla más si cabe.
Y ambos se enzarzaban en una nueva lucha entre pequeños mordiscos, pellizcos en las nalgas y llaves marciales que sumergían sus cuerpos en un amasijo de lujuria y deseo. Al final caía rendida, pidiendo una clemencia que no deseaba, disculpándose entre risas por haberlo despertado.





Fíjate si seremos fans de Michel y Bones que, en la primera ojeada al título, hemos leído «Quiero despedazarte».
Pero que conste que no nos quejamos del resultado no despedazado, ni mucho menos. No podríamos…
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Jsaajjj, pues tenemos el mismo problema, porque cada vez que veo el título me pasa lo mismo. Y eso que lo escribí yo…🤦♀
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Aquí es cuando se dice «de casta le viene al galgo», y entonces viene el galgo y te despedaza. Miedito tiene que dar tu próximo relato asesino, que se te ve rebosante el ansia.
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